Cómo se gestó Puerta, Camino y Meta

Cómo se gestó Puerta, Camino y Meta

En la mayoría de los grupos que se reúnen por las casas en nuestras congregaciones, el material primero, el de estudio casi obligatorio ha sido Puerta, camino y meta, una serie de lecciones que introducen al recién convertido en la vida cristiana, y lo acompañan en ese proceso de trasformación que va ocurriendo a medida que la palabra de Dios se revela a su vida.

Esta guía de cuatro cuadernillos ha acompañado el surgimiento y devenir de numerosos grupos, por lo que resulta interesante emprender un recorrido hasta llegar a sus orígenes para conocer cómo se concibió esta serie.

El material que hoy tenemos para enseñar a los discípulos comenzó a prepararse en 1974, cuando cada miércoles un grupo de pastores de Buenos Aires se reunía para para estudiar la Palabra bajo el siguiente enfoque: ¿Qué debemos enseñar a un discípulo desde su conversión hasta que llegue a la madurez? Así fue como tomó forma la serie Puerta, Camino, Meta.

El nombre Puerta, camino y meta alude a la manera de andar que tenían los primeros cristianos, tan es así que muchos los llamaban “los del camino”. De modo que la figura de un camino a través del que se llega a un destino parecía plasmar muy bien la idea de que la vida cristiana es un estilo de vida, una forma de comportarse. Y precisamente, todo camino tiene un punto de partida y un punto de llegada.

Orville Swindoll en su libro Tiempos de Restauración cuenta cómo se dio ese proceso: “Comenzamos a enfocarnos en los tres aspectos esenciales del reino de Dios: La entrada involucra todo lo que es necesario creer o hacer para comenzar el viaje hacia la meta final. Esta entrada incluye la clara proclama del evangelio concerniente a la persona y obra de Cristo; la respuesta de fe de los corazones, su obediencia en arrepentimiento y bautismo y su recepción del Espíritu Santo. Luego era preciso definir el propósito de la vida cristiana, ya nos habíamos percatado de que el cielo no era ese objetivo… La meta había determinada por Dios mismo en el momento de la creación. El objetivo para el hombre es ser conformado a la imagen de Dios… Dios se había propuesto revelar a Cristo al mundo a través de hombres y mujeres que viven en su voluntad, que brillan con su gracia. No se transmite únicamente medio de la predicación, sino por el estilo de vida, por el comportamiento, por las buenas obras de aquellos que están siendo conformados a la imagen de Cristo. ¡El Padre desea tener una gran familia de hijos con la semejanza de Jesús! Llegó también el tiempo de considerar el sendero entre la entrada y el objetivo, es decir ¿cómo llegar ahí?”.

“Nuestra tarea sería revisar todas las instrucciones dadas por Cristo a sus discípulos, así como todas las enseñanzas de los apóstoles de las que se guarda registro”, continúa Swindoll.

De modo que un grupo de pastores se encontró para hacer una rápida revisión de las enseñanzas de Jesús agrupándolas por temas. La idea era, según Jorge Himitian señalara entonces: “revisar en detalle esas enseñanzas hasta que la doctrina apostólica fuera tan clara como el cristal y dedicarse a instruir al pueblo hasta que hubiera evidencias de que todos estaban tomando seriamente esta palabra”.

La intención que había detrás de este trabajo, según señalan los autores, iba más allá de ilustrar bíblicamente a los que lo estudian, sino que pretende promover decisiones fundamentales para que sus vidas se formen de acuerdo a la voluntad de Dios. Así que durante el lapso de unos cuantos meses este grupo de pastores se reunió una vez por semana para trabajar en ello. Con una semana de anticipación se anunciaban los temas a tratar para que todos tuvieran tiempo de estudiarlos. Luego el asunto se discutía y se sacaban las conclusiones generales. Más tarde el material se fue resumiendo en forma de bosquejo para preparar lecciones impresas a partir de ellos. Todas iban acompañadas de versículos de las Escrituras para memorizar.

Jorge preparó una introducción escrita para la serie y se armaron cuatro fascículos, el primero sobre el inicio de la vida cristiana, el segundo trataba acerca de la antigua y la nueva manera de vivir, el tercero abordaba la relación fraternal en Cristo, y el cuarto trataba sobre la familia cristiana.

“Nuestra idea ha sido suministrar material impreso para ser usado en los grupos caseros de toda la ciudad. Los líderes del grupo son instruidos en ese material por sus pastores, y ellos a su vez lo van usando en la medida que lo necesiten. Estas lecciones son una base para la discusión y aplicación”, señala Orville.

Estas series han sido trascendentales a la hora de encarar la tarea de formar a otros en un discipulado al estilo de Jesús, bien metido en la vida cotidiana, con un énfasis puesto en el conocer, para vivir y luego enseñar a otros como tres fases del mismo proceso de madurez en la vida cristiana.

“Las lecciones ofrecen la orientación necesaria para alcanzar el objetivo supremo de nuestra vida: vivir para la gloria de Dios”, señala Himitian.

Virginia Himitian
Kerygma y Didaqué, esas palabras griegas que signaron nuestra doctrina

Kerygma y Didaqué, esas palabras griegas que signaron nuestra doctrina

Las hemos repetido hasta el cansancio, las enseñamos en nuestros grupos con la certeza de saber que son parte del nuestro ADN. Dios trajo luz a muchos corazones gracias a esa danza armónica entre verdad y enseñanza de los mandamientos. En esta nota, desandamos el camino hasta sus orígenes para saber cómo fue que estos términos tomaron una resonancia tan destacada en la historia de la Comunidad.

Corría el año 1974, la renovación ya había cobrado empuje a partir de los primeros encuentros de oración y los retiros que fueron dando forma a aquel incipiente derramamiento del Espíritu sobre toda carne. Las piezas del rompecabezas habían comenzado unirse de un modo significativo: “Para decirlo de otra forma, vimos claramente la necesidad de edificar, y no solamente de trabajar y de mantenernos activos. Necesitamos edificar vidas, edificar familias, edificar la iglesia”, señala Orville Swindoll en su libro Tiempos de Restauración. Gente nueva se estaba incorporando la iglesia y las reuniones ni los sermones eran suficientes. Fue en ese contexto que tuvo lugar un retiro en José C. Paz, en donde Jorge Himitian predicó por primera vez acerca de kerigma y didaqué, dos palabras griegas que en castellano se traducen como predicación y doctrina.

En esa oportunidad, Jorge destacó la labor de los apóstoles que caminaron con Jesús y que llevaron la vida de Jesús y su verdad por todas partes, haciendo discípulos en todas las naciones; predicando, bautizando y enseñando a todos los que respondían al mensaje a obedecer todo lo que Jesús había mandado. Los apóstoles no necesitaron preocuparse por elaborar un cuerpo de verdades, simplemente debían dar a otros lo que Cristo les había dado a ellos.

“Jorge comenzó declarando que había dos elementos concretos que Dios había dado para la edificación de la iglesia. Estos eran la predicación apostólica y la doctrina apostólica. Ambas son palabra de Dios, pero su función es diferente”, señala Swindoll.

“El kerigma es la proclamación con autoridad y unción del hecho de Cristo, presente y activo entre los hombres y quien lo proclama debe no debe ser un repetidor mecánico, sino un hombre que arda por el Espíritu. Ese kerigma tiene una función dinámica. Se trata de una operación sobrenatural. Cuando una persona cree y confiesa la verdad, ésta comienza a operar en ella. El kerigma provoca fe, vida, gracia, es una experiencia con Dios aquí y ahora”, acota, parafraseando a Himitian.

Luego, en ese mismo encuentro Jorge clarificó el significado de la palabra didaqué, señalando que había recibido los conceptos de las enseñanzas que Iván Baker daba a sus discípulos. “Consiste en la enseñanza, instrucciones y mandamientos claros de Cristo, cuya característica esencial es que revela la voluntad de Dios para nuestras vidas. La didaqué, es imperativa, no es sólo para ser oída, sino también obedecida. No es complicada ni difícil de entender. Tampoco es una serie interminable de enseñanzas… Es un cuerpo preciso de instrucciones; es fácil de comunicar y fácil de entender. El proceso por el cual la didaqué se hace efectiva en nosotros es: conocer su significado, luego obedecerla aplicándola a áreas definidas de nuestra vida, y finalmente tenemos que asumir la responsabilidad de comunicarla a otros”.

La clave del interjuego entre ambos términos, verdad y enseñanza, es la fe. “Cuando la gracia y la fe comienzan a operar en nosotros al oír la proclama, entonces necesitamos los mandamientos e instrucciones precisas que hagan que la verdad sea efectiva en ciertas áreas y situaciones específicas de nuestras vidas. Lo abstracto se hace específico, lo general se hace particular, y la gracia y la fe son aplicadas a áreas definidas… A medida que esto ocurre, voy encontrando propósito en la vida, genuino gozo y un sentido de realización”, mencionaba Himitian, en aquel encuentro de José C. Paz.

“El retiro resultó una profunda lección de teología práctica”, indica Orville en su libro, “Todos quedamos haciendo una revisión mental de nuestra prédica y enseñanza, con la certidumbre de que necesitábamos ajustes y correcciones. Todo lo expuesto fue tan claro que resultó incuestionable. Nuestra comprensión del evangelio del reino y de la necesidad de edificar a los santos como cuerpo en una relación  funcional había preparado el terreno para la aplicación de estas verdades”.

Tiempo después, estos conceptos fueron incluidos como parte la introducción al material que se confeccionó casi inmediatamente después, como fruto de la consulta de un grupo de pastores acerca de cuál era ese cuerpo de doctrina que enseñaba Jesús, que llevó por nombre Puerta, Camino y Meta, y que hemos usado cada uno de nosotros para la formación de vidas en los grupos caseros. Pero ese, es tema de otra nota, que saldrá en un próximo número.

Por Virginia Himitian

Diez años sin Keith, diez años sin Iván

Diez años sin Keith, diez años sin Iván

Los años fueron pasando unos sobre otros, y en este 2015 se cumple una década desde que Keith Bentson (el 10 de noviembre) e Iván Baker (el 30 de diciembre) dejaron de caminar entre nosotros y fueron a reunirse con el Señor. Miembros del equipo apostólico que supervisaba las obras de Comunidad Cristiana, sus vidas y ministerios dejaron marcas profundas en nuestras congregaciones. Fueron hombres de una talla difícil de igualar. Uno, de una candidez y una capacidad de enlace extraordinarias; el otro, de una pasión y un pragmatismo extremos. Supieron vivir sus vidas con la intensidad del grano de trigo que cae a tierra y muere para llevar fruto.

En este número recordamos su tiempo a nuestro lado y traemos a memoria el aporte y el ejemplo de estos hombres que Dios utilizó para edificar nuestras vidas.

“Una de las mejores cosas que me pudo ocurrir en la vida fue integrar el llamado grupo de los cinco”, señala Ángel Negro, refiriéndose al equipo apostólico que conformaron a partir de 1986 Keith Bentson, Iván Baker, Orville Swindoll, Jorge Himitian y el propio Ángel.

“La integridad de cada uno de ellos dejó una marca muy profunda en mi vida, se podían discutir algunas cosas en las que no estábamos de acuerdo, pero nunca estuvo en juego la integridad”, agrega. “Parece increíble que ya hayan pasado diez años desde su partida. Me alegra saber que ya están donde todos deseamos estar, contemplando el rostro resplandeciente del Señor cara a cara, ya no por fe sino por vista. La verdad que les tengo una santa envidia”, señala Himitian.

La vida de Keith

Hilmer Keith Bentson nació en 1926 en California, Estados Unidos. El día que cumplía 25 años salió como misionero a Uruguay junto a su esposa Roberta y su hija mayor. Allí sirvieron a Dios durante cuatro años y ampliaron su familia con tres hijos más. Luego se trasladaron a Argentina, en 1958, instalándose durante ocho años en Córdoba. Allí el Servicio Evangelizador Para América Latina (SEPAL) fue la sede de su ministerio.

Más tarde, en 1965 hicieron de Buenos Aires su lugar de residencia. “Keith ha sido siempre poseedor de un agradable don de gentes, así que pronto se ganó el corazón de muchos creyentes y pastores en la Argentina … En todas partes su metro noventa de estatura y su amplia sonrisa, sumadas a su gran calidad humana causaban buena impresión. En los años 1965, ’66, ’67 organizó retiros espirituales anuales en los grandes centros urbanos de Buenos Aires, Mar del Plata, Córdoba y Tucumán. Estos llegaron a hacer un gran impacto en las iglesias de estas áreas. En alguna medida, como el ministerio de Juan el Bautista preparó los corazones de la gente para el ministerio de Jesucristo, estos retiros abrieron el camino para un despertar espiritual que iba a surgir con todo su vigor en 1967”, relata Swindoll en su libro Tiempos de restauración.

Su ministerio era la edificación de la iglesia, y tenía una clara visión de cómo hacerlo: estaba convencido de que la manera más eficaz de encarar un trabajo era trasladarse a esa ciudad y vivir con la iglesia en relaciones estrechas con los líderes y colaboradores. De esta manera mi padre trabajó en Lomas de Zamora, Córdoba, San Juan y en Bolivia”, menciona su hija Kathleen Benston, que actualmente se encuentra como misionera en Italia, junto a su esposo Antonio Vigilante.

En 1980 Keith debió afrontar la triste pérdida de su esposa Roberta a causa de un cáncer. Seis años después contrajo nuevas nupcias con Virginia Voth, también misionera norteamericana que había servido junto a su esposo Myron dirigiendo el Instituto Bíblico Buenos Aires hasta su fallecimiento. Keith pasó en Bolivia, un país que amó mucho, sus últimos 8 años de vida y partió con el Señor a los 79 años, el 10 de noviembre de 2005.

La pasión de Iván

Iván Baker, cuarto hijo varón de un matrimonio de misioneros ingleses radicados desde 1915 en Villa María, Córdoba, era miembro del equipo evangelístico de su denominación, y un experto en ganar almas desde su juventud.

“El hogar de su infancia fue el epicentro del mover de Dios en esa región de Córdoba en esos años. La familia recorría a pie, y con los años en carruaje tirado a caballos, los caminos de tierra que llegaban a los campos, para entrar y reunir a la peonada para la predicación del evangelio”, menciona una biografía de Baker publicada en el blog Seamos Edificados.

Siendo ya pastor, lleno de inquietudes, comenzó en un período de profunda búsqueda. En 1966 tuvo una experiencia que revolucionó su vida: la llenura del Espíritu Santo. Pronto condujo a la congregación que pastoreaba en Isidro Casanova a la misma vivencia. Más tarde, al estudiar en detalle los evangelios, quedó sorprendido por la simpleza del método con el que evangelizaba Jesús: iba a la gente (no les pedía que vinieran a él), utilizaba situaciones cotidianas para hablar de Dios, solo se centraba en los que tenían hambre y sed de justicia, le llevó 3 años formar a sus discípulos, y dependía de que el Espíritu Santo completara la obra en ellos.

Así que Iván se dedicó con alma y vida a aplicar estos principios para brindar un modelo que pudiera servir a otros. En 1968 él y su esposa Gloria implementaron esta forma de trabajo y en poco tiempo tenían un grupo estable de 12 personas reuniéndose en su casa. Con el tiempo fueron cientos de discípulos los que nacieron de nuevo en el hogar de los Baker. “La función de Iván no era ya más ’hacer la obra’ solo mientras otros observaban pasivamente, sino que quedó marcado en él para siempre el hecho de que la obra del Señor se hace en el ir y venir cotidiano, y en incluir a sus discípulos más cercanos en ese ir y venir. De allí en más su mayor campaña evangelística fue una vida personal de fervor por ganar y formar discípulos. Ya no estaba en el púlpito llamando a las almas, sino que formaba parte de un ejército de discípulos que se encontraba continuamente en campaña en todo lugar donde se hallase”, señala el relato de Seamos Edificados.

A los 76 años de edad, Iván comenzó a notar un raro temblor en su pulgar derecho mientras conducía el automóvil. Poco tiempo después se le diagnosticó la enfermedad de Parkinson, que gradualmente le fue quitando su fuerza física. Esto no disminuyó su fortaleza interior ni decayó su espíritu evangelístico. Tampoco permitió que la enfermedad lo recluyese, sino que mantuvo la comunión con sus colaboradores más cercanos de manera normal mientras esto fue posible. Su obra incluía iglesias en numerosas ciudades de Brasil, Uruguay, Argentina, Estados Unidos, Angola, Mozambique, Marruecos e Inglaterra.

En la mañana del 30 de diciembre de 2005, Iván anotó en una libreta que había en la cocina de su casa: “Mi nombre ha sido llamado en el cielo”. También describía que veía a parientes cercanos y que escuchaba un himno que se estaba entonando allí. Con esa claridad en mente, se acercó a despertar a su esposa que aún dormía y le dijo: “Vengo a despedirme”. “¿A dónde vas?”, le preguntó ella sorprendida, ya que a esa altura él no podía salir solo. Y él le respondió: «Me voy con el Señor”.

“Su traslado al hospital no sirvió para revertir su partida, que ocurrió brevemente después. Yo estaba con él en la ambulancia, y él hacía bromas y estaba de excelente humor”, recuerda Daniel Baker, su hijo menor, que hoy también es pastor. Así que tal y como el Señor se lo había anunciado, a sus 83 años, en el cielo pronunciaron su nombre.

Virginia Himitian

Salir del centro del universo

Salir del centro del universo

Dios quiere tener compañerismo con el hombre, pero lo encuentra

centrado en sí mismo y en sus pequeños propósitos particulares.

DeVerm Fromke

“El propósito eterno de Dios es tener una familia de muchos hijos semejantes a Jesús”, lo hemos repetido una y mil veces, lanzándolo como una flecha encendida al mundo. Este concepto, en el que poco se había centrado la cristiandad evangélica, fue uno de los tesoros revelados por Dios en aquellos primeros años de la década del ´70. Dios había derramado de su Espíritu sobre Argentina y el señorío de Cristo como condición para la salvación estaba revolucionando las vidas. Sin embargo, los pastores que para ese entonces se reunían una vez por semana para estudiar la Palabra, sentían que era necesario algo más. Daniel Divano, uno de los discípulos de Iván Baker relata: “Había mucha revelación, pero teníamos la sensación de que faltaba un elemento catalizador de todos estos cambios”.

En una conversación que mantuvieron Juan Carlos Ortiz e Iván en el año 1970, Ortiz le recomendó un libro que había leído a sugerencia de Orville Swindoll y que lo había impactado profundamente. Se trataba de The Ultimate Intention [El propósito supremo] de DeVern Fromke, publicado en inglés en el año 1963, que luego Editorial Logos editaría en el año 1996. “Iván lo leyó y quedó muy tocado. Así que poco después, junto a otros pastores elaboraron por primera vez la lección del propósito eterno de Dios, que luego fue parte de Puerta Camino y Meta 1”, recuerda Divano.

Un evangelio centrado en el hombre

El libro fue revolucionario. Así como Galileo Galilei descubrió que la tierra no era el centro del universo, sino que la tierra giraba alrededor del sol, Fromke hizo sus propios descubrimientos en cuanto al eje sobre el que giraba el universo en el mundo espiritual; y señalaba allí la necesidad de sacar la redención del hombre del centro de la escena eclesial y colocar la paternidad de Dios como eje del propósito por el que fuimos creados.

El panorama tradicional tenía que ver con una iglesia centrada en el hombre, en el que él era el eje de su pequeño universo en torno al que giraban todas las cosas, incluso la salvación. Este era el enfoque tradicional de las iglesias evangélicas, un Dios personal, un Salvador a medida. Un evangelio centrado en el hombre.

«No hay alternativas. O Dios es el centro de nuestro universo y nos ajustamos correctamente a él, o nos convertimos en el centro y tratamos de que todo gire alrededor nuestro».

«Cuando la verdad se hace evidente, nos asombra descubrir que la trampa de hacer que todas las cosas giren a nuestro alrededor se ha convertido en la ruina de gran parte de nuestra predicación y enseñanza”, escribía Fromke en aquel primer capítulo.

No nos interesa que el hombre se acerque a Dios para ser feliz o para ser bendecido o para ser salvo. Al contrario, nuestro enfoque se dirige a sacudir al hombre para que despierte y se ajuste al propósito para el cual ha sido creado: realizar el propósito supremo de Dios”, dispara en otra de sus páginas. Y agrega: “Las evidencias de este mensaje y enfoque centrados en el hombre revelan el cáncer terrible que carcome el corazón del cristianismo. Es producto de un concepto torcido, desarrollado por un ser humano ciego, que desde la caída ha hecho que todo gire alrededor de sí mismo”.

 “El error más común del que todos somos culpables es… hacer del hombre el beneficiario central del propósito de Dios, parecería que el ser conformados a la imagen de Cristo fuera el fin, pero constituye un medio para realizar un fin superior. Otros han hecho de la salvación y de la entrada en el cielo el fin. Algunos han entendido que la culminación está en llegar a ser una iglesia sin mancha. O que el sujetar todas las cosas al régimen universal del reino de Dios es el fin. Pero estos sólo son medios importantes por los cuales Dios logrará su fin supremo. ‘Él nos escogió en Cristo antes de la fundación del mundo para sí mismo para que estuviésemos delante de él. (Efesios 1.3-6)”, continúa diciendo DeVern. “El Padre se ha propuesto tres objetivos con respecto a su Hijo: Que el Hijo pudiera tener un cuerpo a través del cual expresarse… que su Hijo sea la cabeza de este cuerpo… y que su Hijo sea el punto de convergencia de todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra.”

“Debemos levantar una voz profética y llamar a la gente a detenerse para que no siga ocupada con asuntos superficiales y dando golpes al aire … Invito no sólo a considerar a Dios como el centro del universo, sino su paternidad como factor controlador que determina su plan, su propósito y su intención”, señala.

Las palabras se clavaron como flechas en el corazón. ¿Era posible que estuviéramos mirando el mundo desde una perspectiva equivocada? ¿Estaríamos considerando la salvación como el fin último de la existencia?

“El libro de Fromke fue un disparador que nos llevó a revisar las Escrituras y a detenernos en pasajes y textos que antes los pasábamos por alto”, dice Ángel Negro, y agrega: “La revelación del propósito eterno de Dios nos llevó a dejar de predicar un evangelio homo-céntrico para predicar un evangelio teo-céntrico. El evangelio teo-céntrico concuerda con el evangelio del reino de Dios y está en armonía con el señorío de Cristo. Esto produjo una explosión de alegría entre nosotros, como si se hubiera encontrado la pieza que faltaba para completar el cuadro. ¡Y es así! De ahí en más la Biblia se nos puso en orden”.

La idea de vivir con un propósito le dio un objetivo claro, definido y bíblico al trabajo del discipulado. Le puso meta. El camino tenía un lugar de destino. Y el hombre encontró su propósito en la tierra, colaborar con Dios para que su proyecto de ser Padre de hijos como Jesús se realizara.

Porque de él, por él y para él son todas las cosas.

¡Dios nos libre de mirarnos a nosotros mismos como el ombligo del mundo!

Virginia Himitian
La revolución del discipulado

La revolución del discipulado

A partir de los encuentros de oración en la casa de los Darling, comenzó a emerger un grupo de pastores que asumió la coordinación y el liderazgo del movimiento de renovación espiritual. “Compartían juntos el ministerio de la Palabra … que proveía dirección y orientación a ese grupo de personas que empezaba a encontrar una identidad común”, señala Orville Swindoll en su libro Tiempos de restauración.

Una de las preocupaciones que surgió en la época, según las propias palabras de Swindoll fue: “La falta de edificación de la iglesia a pesar de la intensa actividad evangelística … Sabíamos que cualquier programa que dependiera de expertos y equipos costosos entorpecería el trabajo real de la iglesia … La respuesta tenía que ser simple y práctica. Tenía que ser aplicable en cualquier situación”.

«Fue así como la mentalidad pragmática de Iván Baker consideró oportuno recuperar un plan de los Navegantes que consistía en que un cristiano ganara y entrenara a otra persona en el curso de un año, y luego que los dos repitieran el proceso en los años sucesivos. El método parecía ofrecer ventajas incomparables: No requería equipos especiales, dinero ni demasiado tiempo libre. De pronto las palabras de Jesús a sus discípulos en Juan 20.21 cobraron nuevo significado: Como me envió mi Padre, así también yo os envío”,  relata Swindoll.

Lecciones esenciales que implementó Iván Baker en su congregación

Iván comenzó a estudiar los evangelios, aquí compartimos, en sus propias palabras, las lecciones esenciales que descubrió en ellos: Jesús se dio a sí mismo, más que dar sermones. Jesús fue a la gente, no les pidió que vinieran y lo escucharan. Aceptó las circunstancias tal y como aparecían: a orillas del mar, en la montaña, en el pozo, en los hogares. Sus mayores pronunciamientos fueron hechos en las ocasiones más simples. Solamente buscó a aquellos que estaban hambrientos y sedientos de justicia. Hizo una selección de los discípulos. Nunca trató de mantener a aquellos que deseaban dejarlo. Más tarde, envió a los que había seleccionado, en misiones específicas. Le llevó solamente tres años formar doce apóstoles. Los discípulos estaban aparentemente sin preparación cuando los envió. Obviamente Jesús dependía de que el Espíritu Santo completara el trabajo necesario en ellos.

«De ese modo, Baker intentó implementar estos principios en su propia congregación de Isidro Casanova, sin embargo, la congregación no vio el punto y titubeó en cuanto a seguirlo. Estaban demasiado cómodos, demasiado acostumbrados a tener líderes que asumieran ellos mismos el trabajo de extensión evangelística … Iván estaba frustrado y decepcionado», señala Orville. Así que junto con su esposa Gloria, en 1968 decidieron hacer un cambio radical. Así lo relata Swindoll: «Ambos comenzarían a compartir intensamente el evangelio con sus vecinos inmediatos, ganarían a algunos para el Señor, los reunirían, los bautizarían en agua y les enseñarían la Palabra; todo esto sin informar en lo más mínimo a los hermanos de Casanova. El Señor bendijo el nuevo esfuerzo desde el comienzo. . . Los primeros convertidos fueron una pareja de vecinos, a los que se sumaron varios, y pronto había un pequeño grupo que se reunía por la mañana para orar y realizar estudios bíblicos. Los domingos se encontraban brevemente y luego salían a evangelizar».

Después de seis u ocho meses tenían un grupo estable de doce personas. Iván les sugirió el próximo paso de su plan revolucionario. Era tiempo de presentar al grupo que había formado, a la congregación de Casanova. A la hora señalada, los nuevos creyentes comenzaron a llegar. Cuando Iván los presentó como los nuevos convertidos que él y Gloria habían estado ganando en su propio barrio, la congregación quedó sorprendida y avergonzada a la vez. Al terminar uno de los ancianos se acercó a Iván y le dijo: “¡Decínos cómo hacerlo!”, ¡Fue el amanecer de un nuevo día!

El discipulado

El nuevo plan introdujo una renovación completa en sus métodos pastorales. No era suficiente ganar gente, tenían que ser formados. Cuando le preguntó al Señor cómo hacerlo, recibió con claridad la dirección: Ve y haz discípulos. Supo que debía preparar hombres para que ellos a su vez prepararan a otros.

Demasiadas reuniones

«El siguiente problema que descubrió en su congregación fue la falta de tiempo para concentrarse en hacer discípulos. ¡Había demasiadas reuniones! Esto no era un problema para el grupo de vecinos que habían evangelizado. Su crecimiento desde el principio se había basado en las relaciones mutuas más que en un programa de encuentros. Vez tras vez estaban encontrando que la estructura de la iglesia tradicional era uno de los mayores obstáculos para progresar en el discipulado», menciona Swindoll.

Durante 1968 Iván Baker y Jorge Himitian compartieron estos pensamientos y descubrimientos con el grupo de pastores, muchos paradigmas comenzarían a modificarse.

Virginia Himitian
«Dios quiere que la revelación vuelva a las casas»

«Dios quiere que la revelación vuelva a las casas»

Los comienzos de la renovación tuvieron un punto de encuentro. Los lunes por la noche, durante más de un año, un grupo de personas de distintos trasfondos denominacionales y una experiencia en común (la búsqueda de la llenura del Espíritu Santo), se reunieron en la casa de la familia Darling para orar por un avivamiento sobre las iglesias de Argentina. Eran reuniones espontáneas de oración y clamor. Casi todos los que asistían recibieron el bautismo en el Espíritu Santo, lo que le dio al grupo una fisonomía coherente.

Alberto Darling tenía unos cuarenta años cuando puso su hogar a disposición de lo que Dios estaba haciendo en medio de la iglesia. Corría el año 1967. Él se desempeñaba como gerente de Coca Cola Export Corporation y a la par desarrollaba un fructífero ministerio como predicador laico dentro de los Hermanos Libres cuando fue bautizado con el Espíritu Santo y recibió lenguas. Casado con Alicia y padre de cuatro hijos, «siempre fue un faro en el camino hacia la presencia de Dios», recuerda Orville Swindoll.

«Así, sin necesidad de boletines o anuncios en las iglesias, comenzó a correr la noticia de que algunos cristianos estaban orando en la casa de Darling por un avivamiento en las iglesias de Argentina y experimentando la plenitud del Espíritu Santo. Fue como encender un fósforo en pastizales secos. Todas las semanas el grupo de hermanos que se reunía a orar iba en aumento», escribe Swindoll en su libro Tiempos de Restauración.

A partir de 1968 o 1969, los pastores que participaban de esa reunión semanal en la casa de Darling, comenzaron a encontrarse cada sábado para conversar y orar por las reuniones de los lunes, cada sábado en una casa distinta”, nos contó Orville Swindoll y nos envió la foto que ilustra la nota.

El grupo de pastores que participaban de las reuniones en la casa de Darling, se juntaban cada sábado para conversar y orar por aquellos encuentros. En la foto Juan Carlos Ortiz, Ivan Baker, Augusto Ericson, entre otros, en la casa de Orville Swindoll

Entrevista a Alberto Darling

El tiempo ha transcurrido, dejando visibles huellas de su paso. Con 87 años y la emoción a flor de piel, Alberto Darling nos recibió en la residencia para mayores de la Sociedad de Benevolencia Británica y Americana, en la que vive desde el fallecimiento de su esposa Alicia, dos años atrás. Cuando llegué se encontraba sentado en un sillón, con las manos cruzadas sobre el regazo. «Te estaba esperando», me dijo, y me regaló una de las charlas más emotivas que recuerdo en mi labor de periodista. El Espíritu Santo estaba presente y ambos podíamos sentirlo.

¿Cómo fue su experiencia de ser bautizado con el Espíritu Santo?

A.D: Un muy amigo mío, Keith Bentson, llegó a mi oficina y me contó acerca de un pastor Jack Schisler que ministraba acerca del bautismo del Espíritu Santo. «¿Vos sabés que ahora hablo en lenguas?», me dijo Keith. Y me dio un folleto con todos los textos bíblicos acerca del Espíritu Santo. Eso despertó en mí un deseo muy grande de vivir la misma experiencia. Llegué a mi casa y comencé a revisar los textos. Ya tenía el deseo puesto en mi corazón y empecé a clamar.

Alberto revive el relato como si fuera aquel día, se le quiebra la voz, los ojos se le llenan de lágrimas. Descubre que el paso del tiempo lo ha sensibilizado de tal modo que no puede recordar estas cosas sin emocionarse profundamente. Se recompone y continúa con el relato.

En ese tiempo era gerente de Coca Cola, así que me habían dado una oficina con baño privado; cuando quería orar entraba y cerraba la puerta. Estando ahí adentro, un día descendió la gloria del Señor de tal modo que me salían las lenguas sin parar. Lo más lindo era esa gloria que recibí. De repente vino una dosis enorme de paz y gozo. No sé cuánto tiempo estuve adentro, pero tenía miedo de salir, porque pensaba que debía estar como un tubo incandescente y que la gente de la oficina iba a ver esa luz en mí. Las lenguas no paraban.

¿Cómo comenzaron los encuentros de los lunes por la noche en su casa?

A.D: Un día, a esa misma oficina llegó Keith Bentson, que en ese entonces vivía en Córdoba, y me comentó que Jack Schisler, que vivía en Tucumán, iba a venir a Buenos Aires. Me sugirió organizar un encuentro con todos aquellos que estaban viviendo la experiencia del bautismo en el Espíritu. Yo tenía una casona grande en la calle Estomba, así que ofrecí realizar el encuentro allí. Llevábamos un año viviendo en ella. La adquisición de la casa había sido un regalo del Señor, porque teníamos un departamento chico, de dos habitaciones, y nuestros hijos eran cuatro. Había juntado un poco de dinero, pero no mucho. Y un buen día apareció esta casa, desocupada desde hacía seis años por un problema de herencia. Estaba bastante deteriorada y hasta había crecido una planta de hiedra en interior, pero la casa nos encantaba. Se encontraba frente a la estación de Coghlan, en una zona de casas hermosas. El dinero que yo tenía de ninguna manera alcanzaba para comprarla, pero al estar en aquella situación de abandono, nos la vendieron. A los dos o tres días de vivir allí, una mañana bajé tempranito a la cocina para tener un tiempo con el Señor y le dije: «Esta casa me la has dado vos, y yo te la devuelvo». Entonces el Señor me contestó: «Yo la recibo, y la voy a defender con los ángeles».

Otra vez se le quiebra la voz. La emoción es mucha. Recuerda que uno de los lunes en que estaban reunidos aparecieron tres matones contratados por alguien para atacarlos. En medio de la alabanza él había sentido ruidos extraños, como de explosiones.

Me abro paso, y veo tres hombres enormes. Fui hasta ellos. Se los veía cabizbajos. «Nos han mandado a hacer todo el daño que podamos, pero estamos arrepentidos», me dijeron. Les puse las manos en la cabeza y oré por ellos. Nunca más los vi. Pero ahí supe por qué el Señor me había dicho que iba a defender mi casa con sus ángeles.

¿Cómo fueron esos encuentros con Schisler?

A.D: Durante tres días seguidos él nos habló. No era un gran orador, pero cada palabra parecía una bola de fuego. Los tres días se transformaron en una semana, y allí fue donde conocí a hombres como Ivan Baker, Jorge Himitian, y otros veinte hermanos que venían teniendo experiencias con el Espíritu Santo. Luego de la última noche, Jack nos dijo: «¿Por qué no siguen reuniéndose ustedes?», así que puse a disposición mi casa. Había mil casas más santas que la mía, pero yo sé que Dios me había dado esa palabra para hacer lo que luego hizo allí. Así que nos reunimos al lunes siguiente.

¿Qué pasó ese lunes?

A.D: Yo volvía del trabajo y mi gran sorpresa fue que la casa estaba llena de gente. Nos llamaban ‘los del movimiento’ porque la gente decía: «Ahí Dios se mueve». Estuvimos todo un año, y ya no cabía un alfiler. Aunque era una casa muy amplia, había gente por todos lados, hasta en la escalera. Dejamos de reunirnos allí porque luego de ese tiempo no entraba ya la cantidad de personas que llegaban. Así que comenzamos a encontrarnos los sábados por la mañana en la calle Hidalgo. Y ese fue uno de los años más preciosos que viví en mi vida.

A casi 50 años de aquellos encuentros, ¿qué lectura hace de todo lo que pasó?

A.D: Yo creo que el propósito que Dios tuvo fue bautizar a un montón de pastores del país y de países vecinos y encenderlos con su fuego. Muchas veces le pregunté a Dios a solas: «¿Por qué lo hiciste en una casa?». Y creo que el propósito que tuvo para hacerlo así es porque quería que la revelación volviera a las casas, donde había empezado con los apóstoles, y no hacer a nadie famoso. Aunque tanto no se da a conocer, hay países en los que existe toda una red de gente reuniéndose por las casas. Y yo estoy convencido de eso.

Virginia Himitian